Lo mejor en la red sobre Participación Ciudadana


Ines Skotnicka

Directora de Consultoría

Innovación Colectiva


Todos hablan de la fuerza de la Participación Ciudadana como el motor del desarrollo local, pero muy pocos saben de qué manera estructurar los proyectos y de qué modo activar la inteligencia colectiva de la ciudadanía para que surjan proyectos necesarios, y también innovadores. En esta recopilación de contenidos que pululan por las redes me he centrado en las iniciativas de participación donde, al menos inicialmente, se puede augurar cierta permanencia en el tiempo. Porque si algo caracteriza (y frena, por qué no decirlo abiertamente) es el carácter efímero de los programas de participación ciudadana.


Lo primero con lo que me he topado han sido las ágoras virtuales de Conexión Sur. Se trata de una herramienta digital que se está desarrollando en el marco del proceso participativo de este proyecto. Consiste en una reunión online sobre cuestiones concretas que afectan a un territorio y que se desarrollan con la participación de los representantes de entidades, asociaciones e informantes clave del mismo. Este formato de participación ciudadana contesta a dos cuestiones relativas a las prioridades de intervención en su barrio o pedanía y a las líneas de actuación propuestas en el proyecto para Conexión Sur. El proyecto supone la devolución a los murcianos de una superficie urbana de más de 200.000 m2.

Francamente, me ha parecido un acierto crear las ágoras virtuales, aunque ciertamente ha sido difícil comprobar el grado de participación y fidelización de los vecinos una vez alcanzados (o rechazados) sus objetivos concretos. ¿Será esta dinámica de “me involucro en lo que me toca de cerca y luego desconecto” la tónica general?


He ido rebuscando lo escrito recientemente, y claro, la pandemia lo ha puesto difícil en este aspecto. Sin embargo, si de participación virtual hablamos, que mejor circunstancia (válgame la ironía) para reactivar los procesos participativos que la situación de extrema gravedad que nos afecta a todos y todas. En el artículo “Participación ciudadana y pandemia: ¿cómo reforzar la democracia en un entorno pos-Covid?” he encontrado una interesante tribuna centrada en defender la participación como itinerario del llamado Buen Gobierno, que puede ser implementado de forma muy práctica. La autora defiende que es necesario (además de la voluntad política) un esfuerzo cultural para generar un marco propicio para la participación ciudadana alejada de conflictos. No vale la propuesta como forma de expresión ciudadana, hace falta formarse para saber participar, conocer las reglas del juego para saber jugar. Dicho alto y claro: “Se requiere también de un impulso normativo y procedimental que dé cabida a todos los actores implicados en los procesos de toma de decisiones, no ya desde su origen mismo sino desde su propia concepción e iniciativa.” O sea, la Participación Ciudadana no puede quedarse en un impulso ad hoc, debe tener un antes y un después.


He ido buscando en las redes, y siguiendo la estela de los cambios del paradigma como digitalización o democratización de los procesos participativos, he visto una iniciativa bastante motivadora, especialmente porque ha conseguido movilizar un sector de la población habitualmente alejado de los procesos participativos: los jóvenes.


El Barrio Más Joven: un año promoviendo con éxito la participación juvenil. Este proyecto es una apuesta decidida y eficaz para apoyar a la juventud de nuestros barrios para que se conviertan en lugares en los que creer y desde los que crear. El Barrio Más Joven ha conseguido llegar de forma presencial a más de 3.000 jóvenes, desarrollando más de 150 acciones y actividades que han servido para promover el conocimiento de los recursos existentes en los barrios, acercar los espacios de participación ciudadana y fomentar el desarrollo del tejido asociativo.


Un gran logro, hay que decirlo, porque 150 acciones propuestas es un éxito rotundo. Ojalá en muchos rincones del país pudiéramos alcanzar ese grado de compromiso de las personas jóvenes con su entorno más cercano. Ojalá, porque no es que sean solo los jóvenes con sus grandes ideas que merezcan la pena, sino que el sistema les puede dar, sobre todo, “voz y voto” para proponer, promover y disfrutar de las acciones que surjan.


Esto de pensar en la gente joven me ha hecho fijar la vista en las típicas “movidas” que, a veces erróneamente, relacionamos con la juventud. Y otra vez, en el marco reciente de las situaciones provocadas por la Covid-19, he encontrado una iniciativa de participación basada en datos sobre las personas y las sociedades. En #LoHackeamosEntreTodos, un evento apoyado y coorganizado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el Gobierno Nacional de Argentina y diferentes empresas, he visto una manera de involucrar en acciones por el bien común, no solamente a las personas en sí, sino también al talento activo y colaborativo. #LoHackeamosEntreTodos reunió a diseñadores, científicos de datos, programadores y profesionales de la salud para pensar y desarrollar prototipos para resolver los nuevos desafíos relacionados con la Covid-19. Los temas fueron sociedad y tecnología, salud y tecnología e información y tecnología. Los gobiernos proporcionaron datos abiertos, tutorías y desafíos.


Pues en tiempos digitalizados de la pandemia, qué mejor que el talento digital de los ciudadanos para resolver los desafíos, ¿verdad?


Continuando en esta línea, me pregunté, reiterando la pregunta de las administraciones catalanas, cómo se adapta la participación a la nueva realidad generada por la COVID-19 y ¡Bingo!, nada más y nada menos que he podido analizar una guía y un informe que analizan cómo se adapta la participación ciudadana a las nuevas dinámicas sociales generadas por la pandemia. En esta guía se pone a disposición de las entidades sociales de la ciudad una serie de recomendaciones para promover modalidades seguras y de calidad en un contexto de distanciamiento físico y reducción de la presencialidad. Los conocimientos recopilados en la guía se originan a partir del impulso municipal que, a raíz del confinamiento de marzo del 2020, se han volcado en los canales y plataformas de participación digital.


Particularmente, sigo pensando que la participación digital tendrá que centrar los esfuerzos de las administraciones y de los colectivos ciudadanos. Por su accesibilidad, sostenibilidad pero también por las oportunidades de una, bien entendida, fidelización de los programas así como de los proyectos una vez iniciados en un territorio. El futuro de la participación ciudadana, claramente, tiene que enfocarse hacia la digitalización de procesos.


Y cuando de futuro hablamos, no podría faltar un ejemplo de un enfoque hacia la sostenibilidad medioambiental y el cambio climático, los grandes desafíos de toda la humanidad.

Si soy sincera, no esperaba encontrar gran cosa. Pero…


Madrid, Ámsterdam y Milán: Tres ciudades que ponen la participación ciudadana en el centro de la acción climática. En el marco del programa de Demostraciones en Profundidad para impulsar la adaptación y la resistencia en el contexto de la urgencia climática, EIT Climate-KIC ha organizado un taller con representantes de Milán, Ámsterdam y Madrid para demostrar que, en palabras de los responsables: “Hay diferentes formas de toma de decisiones necesarias para involucrar a los ciudadanos, y asuntos de proximidad. No todo afecta a todos, y el cambio puede comenzar a nivel de una calle o de un barrio”. Los ciudadanos que viven en su ciudad y su barrio todos los días, son los mejores defensores de que sea un lugar mejor y más inclusivo en el que vivir.


Seguiré leyendo y buscando novedades sobre iniciativas de participación ciudadana y acciones cívicas. He de reconocer, mi escepticismo inicial aparte, que las hay muy interesantes a pequeña y gran escala, más robustas o más espontáneas. Eso sí, la buena comunicación del proceso, la transferencia o replicabilidad de resultados o sostenibilidad en el tiempo, siguen siendo asignaturas pendientes. Nos queda aún camino por recorrer juntos. Repito, juntos. Porque ni tan dictatoriales las administraciones locales, ni tan apática la ciudadanía.


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