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Utopías mal entendidas

fotonacho

 

Nacho Muñoz 

@ignacionacho

 

 

Sirena, vuelve al mar, || varada por la realidad, || de sufrir alucinaciones || cuando el cielo no parece || escuchar.

La Sirena Varada, Héroes del Silencio (1993)

 

Me llamó poderosamente la atención la obra de René Magritte que encabeza este artículo y que está colgada en el museo que lleva su nombre en Bruselas. Nos muestra una sirena varada, transformada, triste, podría decirse que difunta. Una distopía creada sobre la utopía. Con esta obra, titulada “La invención colectiva”, Magritte nos obliga a poner en tela de juicio las realidades utópicas.

Sin embargo, las utopías están bien vistas. La imagen idealizada acerca de lo que somos capaces de lograr y/o de lo que nos gustaría que fueran las cosas nos inquieta, nos incita a continuar a pesar de las adversidades que encontramos por el camino. Es un propulsor, un elemento motivador, una ilusión a la que aferrarse para modificar el estado imperfecto de nuestra realidad. Si somos capaces de imaginar una situación ideal, esa situación ideal se hace posible, cierta y alcanzable.

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Las imágenes aparentemente verosímiles que dibujamos sobre un futuro hipotéticamente perfecto, teniendo como planteamiento de partida la situación actual e imperfecta, dispara las expectativas sobre el futuro cercano. Y en el mercado de la felicidad instaurado por tipografías vintage y frases preciosas de corto recorrido  lo tenemos fácil para comprar la idea de que lo que nos rodea no es suficiente, porque lo ideal lo tenemos a la vuelta de la esquina y no es complicado conseguir ese reto mágico que conseguirá eliminar los maleficios que me persiguen en la actualidad.

Sin embargo, a mayor idealización de los planteamientos (a más utopía), las expectativas y las ilusiones se van desgastando conforme pasa el tiempo. La realidad nos muestra una y otra vez que las imágenes idealizadas no existen. Al enamorarnos de la utopía somos propensos a olvidarnos de las arrugas y otros pliegues que conforman la compleja realidad. Las utopías son cantos de sirena.

“Las sirenas tienen cuerpo de pájaro y cabeza de mujer. Viven en una isla rodeada de cadáveres y esqueletos de barcos. ¿Por qué? Fácil, su canto es tan extraordinario que el que lo escucha solo desea alcanzarlas y claro, se estrella con barco y todo contra las rocas de la isla. Y si alguno sobrevive ya se encargan ellas de matarlo”

Pasaje de La Odisea, de Homero

La comparación permanente de la realidad con la utopía nos conduce peligrosamente hacia el encuentro de nuevas imperfecciones que nos alejan aún más de nuestra hipótesis ideal. Nos conduce peligrosamente hacia esa desesperación que describía Sören Kierkegaard en “La enfermedad mortal”: una desesperación provocada por el hombre que no quiere ser sí mismo.

Las utopías perniciosas y cotidianas, las que todos debemos advertir y combatir si es el caso, son esas que se instalan en nuestro registro de aprioris acerca de cómo deberían ser las cosas: la relación con mi pareja, el orden en casa, el modelo de educación de mis hijos, la organización del trabajo en mi oficina, el estilo comunicativo de mi jefe, la apatía de mis colaboradores en asuntos importantes… Continuamente comparamos cómo son esas cosas con el cómo deberían ser. Y nunca terminan de ser como deberían ser. Día a día vuelves a ver evidencias de la enorme lejanía que existe entre ambas realidades. Y no hay modo de revertir la situación, porque no sabes o porque ya tampoco quieres. Y llega la desesperación.

Se me grabó una frase de mi madre cuando era más pequeño que decía que el secreto de la vida es aceptarla tal cual es. Y la vida tiene mucho de injusticia, desigualdad e imperfección. Y también de todo lo contrario. Me decía ella que mejor fijarse en lo bueno que tenemos, porque nos reiremos más. Y, para lo malo, ponerse a trabajar sin quejarse demasiado, cual hormiga obrera, para cambiar las cosas. Con hechos, no con deseos. Con resultados, no quedándose en el anhelo del cambio.

Una de las frases favoritas de nuestro equipo es que “Lo imposible tiene la rara cualidad de volverse realidad”, porque nos gusta la magia que envuelve los procesos creativos, los que generan la posibilidad de crear algo nuevo, que no existía antes y que, con rigor, método y colaboración, somos capaces de provocar. La innovación es posible cuando se carga de emoción, pero ojo, sin perder la cabeza. Las invenciones son imaginaciones potencialmente perniciosas también para la empresa. Las sirenas solo son posibles cuando no son idealizadas sin fundamento, sino más bien cuando son fruto de la innovación, cuando están creadas con ingenio e inteligencia, a ser posible colectiva.

Nos gusta mucho pCaptura de pantalla 2017-05-19 a las 11.37.19oner el ejemplo del Triángulo de Penrose para explicar precisamente cómo lo imposible tiene la rara cualidad de volverse realidad: un objeto inicialmente imposible, una ilusión óptica… un reto cuya aparente imposibilidad se convierte en realidad con innovación e ingenio. La imagen de la izquierda es el Triángulo de Penrose; la de abajo corresponde a la escultura del triángulo imposible como ilusión óptica en East Perth, Australia Occidental.

Lo imposible es imposible, pero muchas de las cosas que imaginamos como tales tienen capacidad de convertirse en realidad. Eso sí, huyendo de los cantos de sirena de las imágenes utópicas que esconden nuestros propósitos, adaptando el proceso y el resultado final a las condiciones de nuestra bella e imperfecta realidad.

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