TAROT 4

Tipos de jefe según el Tarot

Ana A. Villalvilla

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Los estilos de dirección empresarial cambian constantemente: el modo en que se integran los trabajadores con los objetivos de la organización es un tema importante en el contexto de la psicología social y es clave si queremos evitar el tan temido (y frecuente) burnout de nuestro equipo. Un liderazgo positivo puede mejorar su rendimiento, y por lo tanto, nuestros beneficios, y en ello radica la diferencia entre un líder y un jefe.

Un líder tiene la capacidad de influir en los empleados para que, de manera voluntaria, persigan los objetivos de la compañía. Así, más allá de “buenos y malos”, podemos distinguir, en términos generales, 5 tipos de liderazgo asociados a distintos tipos de jefes, y caricaturizados a través de algunos de los principales y más conocidos arcanos del Tarot. De nada.

  1. Liderazgo laissez-faire: La Sacerdotisa

Se trata de un modelo de liderazgo delegativo, su estilo es la no intervención. Es decir, la falta de feedback. Como La Sacerdotisa, sus máximas son la paciencia, la discreción, y la resignación. Se basa en la teoría de que ante equipos formados por profesionales con mucha experiencia, nada más motivador que dejarlos sueltecitos, ya que poseen las competencias necesarias para auto-organizarse y rendir de manera independiente.

Si bien la autonomía es liberadora para algunos perfiles, esta falta de control, que casi siempre nace de la pereza y la pasividad del jefe, suele desembocar en plazos que se incumplen y trabajadores a los que no se les han comunicado sus objetivos con precisión. He aquí el jefe ausente o indeciso, el Poncio Pilatos del management, y sus detalles pasivo-agresivos. Mucha suerte a sus colaboradores.

  1. Liderazgo autocrático: La Torre

En este caso son los mandos los que toman todas las decisiones y fijan las directrices. Hablamos de La Torre o “El dedo de Dios”. La muerte súbita. El poder se concentra en una persona, se transmite de manera unidireccional, y nadie se atreve a desafiar sus decisiones. La única opción es obedecer. ¡Heil!

Si bien puede ser ventajoso en contextos cambiantes que requieren una capacidad de reacción y de toma de decisiones rápida, y sobre trabajadores con tendencia a “relajarse”, los contras son evidentes.

El jefe “porque yo lo digo, y punto”, el supervillano del employer branding, suele caracterizarse por su arrogancia y no por su profesionalidad, y es generador de confusión, fruto de la opresión y el miedo al castigo. Además, sus errores suelen perdurar en el tiempo por su incapacidad de hacer autocrítica y rectificar. Si formas parte de su equipo seguramente acabes sintiéndote infravalorado y tu compromiso con la compañía sea prácticamente nulo. Además te comerás un montón de marrones que no te corresponden, pero con eso ya contabas, ¿no?

  1. Liderazgo democrático: El Sumo Sacerdote

La última moda en fórmulas de gestión, lo que hoy en día conocemos como liderazgo participativo. El Sumo Sacerdote, líder integrador, equitativo, generoso, promotor del diálogo. Necesario si quieres incentivar la innovación y el compromiso con la empresa, pero desprovisto de sentido práctico en multitud de ocasiones.

Si bien sus ventajas son incontables, acepta que con él, el camino hacia la meta puede ser extraordinariamente lento. Su especialidad es poner en riesgo la viabilidad de cualquier proyecto y, por lo tanto, de generar ingresos.  Este Mahatma Gandhi con corbata te allanará el camino para una huelga de hambre forzosa.

Además de su tendencia a irse por las ramas, es muy probable que caiga en actitudes moralistas poco deseables. Tendrás que recordarle que no pierda los números de vista. Un partidazo, vamos. Eso sí, políticamente correcto.

  1. Liderazgo transaccional: El Colgado

Este modelo puede resumirse en que tanto líder como “seguidores” buscan su propio beneficio, y en el proceso todos salen ganando. Tiene una orientación a objetivos clara, y la principal motivación de los empleados está ligada a la consecución de recompensas asociadas a los resultados que sean capaces de obtener. En este caso, las estructuras están claras, y todos saben a dónde les conducen sus esfuerzos.

Los profesionales ligados a este tipo de gestión suelen tener perfiles muy racionales, con una gran motivación económica y un comportamiento predecible. Esto deja de funcionar frente a periodos de inestabilidad o crisis, algo poco efectivo en el cambiante entorno actual. El Colgado es fuerte y sacrificado, pero requiere de cierta contemplación o puede convertirse en el componente rancio de la empresa.

Una mala definición de las políticas retributivas puede ocasionar uno de los grandes problemas asociados a este tipo de gestión. Un exceso de reconocimiento individual (por encima de los objetivos grupales o finales) conducirá inevitablemente a actitudes egoístas, falta de comunicación y una falta de franqueza absoluta. Puede ser un gran enemigo del compañerismo y buen ambiente en la oficina.

  1. Liderazgo transformacional: El Loco

Aquí la protagonista sí es la comunicación, considerada indispensable para lograr los objetivos. Son muy eficaces liderando cambios o procesos de transición dentro de la empresa, y habitualmente ejercen un gran impacto sobre los trabajadores, ya que representan una figura de confianza e incluso a la que admirar.

El lado negativo es que, como el Loco, están demasiado alejados de las competencias analíticas y su enfoque se basa en pasiones y cualidades intangibles. Buen rollo: 1, rendimiento: 0.

Los líderes transformacionales son particularmente extravagantes y pueden pecar de indiscretos, por lo que sus decisiones suelen ser algo inmaduras y su rendimiento superficial. Es decir, mucho ruido y pocas nueces.

Y para tipos de jefes, tipos de empresas. Solo nos queda desearnos suerte en el camino, las cartas están echadas.

 

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