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Pregunta mal y verás

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Mel Houch

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Conversar es la acción más común en lo que el mundo de la comunicación y sociedad se refiere. Conversamos para conectar con otras personas, de interés o no. Conversamos para crear un vínculo hacia algo que consideramos importante. Pero para qué conversamos realmente. No hacemos las mejores preguntas, ni siquiera damos las mejores respuestas. Y mentimos. Mucho. Mucho más que Cifuentes.

 

Harvard Business Review nos trae un artículo que habla de cómo hacer las preguntas en diferentes situaciones, a lo que a mi me hubiese gustado leer “cómo no hacer las preguntas”. De cualquier modo, esta fuente asegura que realizar buenas preguntas está directamente relacionado con la inteligencia emocional; ahora entiendo el por qué de las pésimas preguntas que hacemos (Sistema educativo español *tos* *tos muy fuerte*).

Cuando se trata de los diferentes tipos de inteligencia que puede tener el ser humano, la emocional es la más demandada a día de hoy, y casualmente en el ámbito laboral, por los múltiples beneficios que tiene en la creación de lazos y vínculos, y desarrollo productivo. Así pues, empezamos el post de pregunta mal y verás

 

Si no pides, no obtienes

La razón de este post se fundamenta en la buena formulación de preguntas, Dale Carnegie ya avisaba con “Be a good listener” en 1936. Escuchar es en lo que el marketing es para Coca Cola; la parte más importante (vender agua azucarada nunca fue tan sorprendente). Escuchar activamente te da información útil y necesaria que si escucharas solo para contestar, y esto no lo digo yo, está comprobado científicamente por Alison Wood Brooks. Considerando la escucha activa como punto de partida, el siguiente paso sería formular la pregunta idónea, a lo que Alison Wood alude sobre el desconocimiento de lo beneficioso que puede llegar a ser cuestionar buenas preguntas.

 

El nuevo método Socrático

El primer paso para ser un buen entrevistador es simplemente hacer muchas preguntas, pero no es el único factor que influye, entran en juego otros como el tipo de preguntas, el tono, el orden y el contexto. Se hizo un experimento con estudiantes donde los categorizaron por los que hacían pocas preguntas en conversaciones (low) y los que por el contrario hacían muchas (high). El resultado low vs. high os lo podréis imaginar, conversación de ascensor vs. conversación con mejor amigo de la infancia.

Están las conversaciones cooperativas y competitivas. Para diferenciarlas sólo hay que limitarse a averiguar el objetivo de la conversación. Las recomendaciones que ofrece HBR se centran en realizar preguntas de seguimiento con más frecuencia que las que se formulan con una intención concreta, usar preguntas abiertas en la mayoría de los casos, exceptuando negociaciones que conviene realizar preguntas cerradas. Recomiendan un orden lógico en la entrevista, usar el tono correcto y prestar atención a las dinámicas de grupo.

 

La mejor respuesta

a) No existe. b) Es otra pregunta. c) Divagar filosóficamente. La mejor respuesta según HBR está en saber decidir qué compartir, qué mantener en la privacidad y por último, cuestionarlo todo como decía Albert Einstein. Es crucial razonar con rapidez esas dos primeras recomendaciones pues de ahí dependerá mucho que una conversación sea fluida o termine con un “Bueno, pues eso, que ya nos vemos”.

 

Realizar muchas preguntas se resume en beneficios como aprendizaje y mejorar el vínculo interpersonal. Sacarle partido a cada conversación que tienes depende sólo y exclusivamente de ti. Cuidar las preguntas que se hacen determinan mucho más que las intenciones que tienes de obtener información. Así ya sabes, pregunta mal y verás. O “ya te llamaremos”.

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