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La paternidad ayuda a desplanificar

Boat

 

Gunter Soto 

@gscmadrid

 

Cuando empiezas en un nuevo trabajo, las primeras tareas que realizamos requieren plena atención. Si pudiéramos medir los recursos de nuestra “CPU”, estarían cercanos al 100%. Todo te parece un mundo y cualquier contratiempo es visto como drama.

Tras un tiempo prudencial de adaptación, vamos dominando todo tipo de funciones y estableciendo patrones (buenos o malos) que nos ayudan a un incorrecto desempeño, liberando recursos cognitivos que nos permiten afrontar los cambios de guión con mucha más solvencia. Es el denominado “ciclo del dominio”.

El piloto automático encargado de todo esto son los ganglios basales, el mismo que nos permite ir pensando en nuestras cosas mientras conducimos camino al trabajo. Analizar que esto sea mejor o peor para los resultados no es el objetivo de este post, sino realizar una pequeña reflexión sobre la desplanificación al salir de lo automatizado.

Así, cuando viene un hijo, te encuentras con las mismas ocupaciones de siempre que ya controlabas (probablemente hasta el punto de hacerlas lo más rápido posible para disponer de tiempo libre) a las que se añaden un sin fin de tareas desconocidas e imprevistos que requieren una continua adaptación. Haces muchas más tareas con menos recursos, sobre todo temporales. No te queda otra: Te levantas por la mañana y haces malabares para ducharte (y otras cosas) en 5 minutos, porque sabes que cuando tienes todo listo, ¡BOOM!, de mierda hasta las orejas y el cambio completo. Y si no es eso, es el vómito de leche, y si no otra cosa. Después viene coche, guardería, trabajo, recoge de guarde, casa y de nuevo incertidumbre ante cualquier plan u obligación que tengas. ¿Y sabéis qué? Mola. Por muchos motivos que son difíciles de explicar cuando no has sido padre. Te sientes más vivo.

Y aunque da la sensación de que no se cierra nunca el “ciclo de dominio” (debido a los continuos cambios a los que estamos sometidos), si fuéramos capaces de vernos a nosotros mismos desde fuera, hay un antes y un después. Llegas al final del día exhausto y con una extraña sensación de felicidad. No ya solo por el mero hecho de ser padre, sino por haber sido capaz de realizar una cantidad ingente de tareas que aportan sensacion de productividad.

 

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Es curioso porque este proceso engancha de una forma dificil de explicar, haciendo de esta nueva forma de vida, de lo inesperado, tu “zona de confort”. Y esto es muy positivo porque, si desplanificamos y aplicamos un poco de “caos” en otros ámbitos de nuestra vida nos va a llevar a nuevas experiencias.

No paro de escuchar gente que quiere cambiar diferentes aspectos de su vida y, sin embargo, realizan siempre las mismas cosas, mismas rutinas. Este tema ya está muy trillado, pero si queremos obtener resultados diferentes debemos hacer acciones diferentes y situarnos en contextos no habituales, donde nunca hemos estado antes.

Justo aquí es donde me he dado cuenta que ser padre ayuda mucho, te permite afrontar la desplanificación con otras tablas, incluso hacer de ella tu hogar. Total, si planifico y este pequeño ser de todos modos toma las riendas de mis horarios, agenda, reuniones y hace con ellas una bola de plastilina, no queda otra que acostumbrarse a esta bonita imprevisibilidad y convertirla en una oportunidad para sacar más de menos siendo más productivo desde el caos.

Ahora ya soy yo el que busca nuevos desafíos en nuevas situaciones y esto, en ocasiones, puede ser positivo para todos, ¿no creéis?

 

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One thought on “La paternidad ayuda a desplanificar”

  1. Una gran reflexión. Qué gran verdad cómo la paternidad nos sumerge en un caos diario en el que vamos aprendiendo a desenvolvernos continuamente.

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