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Hasta las narices de blogs ñoños sobre RRHH

Ana A. Villalvilla

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Yo, como Zizek, también pienso que ser políticamente correcto es la forma más peligrosa de totalitarismo, y que la corrección política es, además, una forma absurda de autodisciplina y de opresión que dificulta el superar ciertas barreras. Tal vez por eso, los artículos más interesantes sobre Recursos Humanos, los suelo encontrar en El Mundo Today : porque son los más realistas.

Si tú también te dedicas a esto, ya habrás comprobado que hay dos tipos de publicaciones sobre gestión de personas: las infumables y llenas de tecnicismos que se van renovando mes a mes, y las extremadamente ñoñas con hashtag TALENTO, que son todavía peor.

“Para ser buenos profesionales, hay que ser buenas personas”, en bucle. Díselo a Jeff Bezos (Amazon), Akbar Al Baker (Qatar Airways) o a Rupert Murdoch (News Corporation), que han levantado imperios con mano de hierro. Para ser buenos profesionales, no debéis perder de vista vuestras metas, diría yo. Pero es que buscar la eficiencia, priorizar los resultados y tratar de mantener una comunicación fluida y atrayente con tu equipo es todo un arte. Desde luego, es mucho más fácil  elegir entre sacrificar las cifras, o sacrificar la convivencia con los trabajadores; y hoy en día, lo bonito es lo primero. Pues siento deciros, profesionales soñadores, que si sacrificáis las cifras, estáis sacrificando a vuestros compañeros también.

Y otra cosa a tener en cuenta es que, al final, es más fácil rebelarte ante un jefe anticuado que te apunta con el dedo desde su incuestionable autoridad, que ante uno que te trata amistosamente y te pregunta cómo fue el fin de semana, aunque abuse de tu confianza y te pague una miseria. Y es que, tras la apariencia de la elección libre y el buen rollo, hay una presión mucho mayor, aquella por la que no solo se espera que hagas tu trabajo sino que, además, desees hacerlo. “Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose” dice el filósofo surcoreano Byung-Chul Han.

Espero saber huir de ese paternalismo extraño que está tan de moda en los departamentos de RRHH. O al menos en sus blogs. Últimamente, se escucha mucho aquello de que no puedes alcanzar la excelencia si no vas más allá de la satisfacción de tu ego, priorizando la ética y el compromiso por los objetivos comunes. Esto suena muy bien, pero tengo la impresión de que la “excelencia” solo se alcanza cuando eres capaz de darlo todo, y ese camino no es siempre tan atractivo (empezando por horas extra no remuneradas y acabando por una desconexión total de esa ética que antes mencionábamos).

Como explicaba Jordi Évole en una entrevista, será por la hiperconectividad, que puede hundirte en un instante, pero parece que vamos todos con el freno echado. La era de la comunicación en la que todo se puede decir y donde todo se puede hablar ha acabado convirtiéndose en todo lo contrario. Y esto, en RRHH, se hace más que evidente. Por eso se llenan páginas y páginas de un contenido absolutamente superfluo (y en ocasiones, hasta insultante) sobre motivación, empatía, y ética profesional, firmado por “expertos” que creen saber mejor que tú lo que quieres o necesitas. Los mismos que van bautizando nuestro trabajo con distintos eufemismos cada vez más abstractos y azucarados.

A día de hoy, ya no sé a qué me dedico, o no sé cómo se llama. Lo que sí tengo claros son mis objetivos. Supongo que cuando nos vemos empujados a echar tanta azúcar a algo, es porque la realidad debe ser bastante amarga.

 

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