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Confianza: 5 claves para entornos colaborativos

Nacho Muñoz

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Esta semana he tenido el placer de visitar Extremadura (Badajoz, Almendralejo y Cáceres) así como un par de ciudades andaluzas por las que siempre es un gustazo pasear, como son Cádiz y Sevilla. Este tour lo he hecho como ponente del “Programa Explorer; Jóvenes con Ideas” (el antiguo Yuzz) del Banco Santander. Este programa ofrece formación, apoyo y asesoramiento de forma gratuita durante 5 meses a unos participantes, de 18 a 31 años, que optan a 83.000 euros en financiación y más de 50 viajes a Silicon Valley. La responsabilidad de ofrecer una buena formación, por tanto, es notable.

En mi caso, este es mi segundo año con el programa y asumo una sesión sobre negociación y resolución de conflictos. Como no tengo una varita mágica para convertir a esos jóvenes en perfectos negociadores en unas horas, lo que sí les planteo es una sesión 100% práctica, sin powerpoints ni pantallas digitales a las que mirar: tan solo actividades prácticas en la que plantear estrategias, desplegar habilidades comunicativas, negociar y resolver conflictos. Al finalizar, mucho feedback y debate moderado, donde sale a relucir la teoría y, sobre todo, donde se asientan algunos aprendizajes e inquietudes que espero que empujen a los participantes a seguir curioseando sobre estos temas a través de la documentación que les dejo en su plataforma.

Uno de los asuntos que más debate genera es el de la confianza en los entornos de negociación y colaboración. Para abordar este delicado asunto planteo una actividad basada en la teoría de juegos, que remueve conciencias y hasta entrañas. Esta actividad (y la propia teoría de juegos) nos ofrece una percepción de relaciones entre situaciones, permitiendo analizar las conductas y las decisiones que se toman de forma aislada para extraer principios aplicables a una serie de problemas que podemos encontrar en el mundo real. Los juegos ya sabéis que nos encantan para generar impacto :)

Dejo por aquí 5 conclusiones de cierto calado sobre el valor de la confianza en entornos colaborativos y/o de negociación que han salido a relucir en todos y cada uno de los debates posteriores a la actividad de los 5 talleres

1- Para bien o para mal, la confianza es un valor intangible muy poderoso
Si otorgamos confianza en otro/s y se cumplen las promesas pactadas, obteniendo resultados positivos, la satisfacción es enorme e indescriptible. La capacidad de acceder a retos superiores entre las partes se incrementa y la riqueza que se genera alrededor aumenta.

Por el contrario, si después de otorgar confianza en otro/s te traicionan, el descalabro emocional es inmenso y la capacidad de tomar buenas decisiones conjuntas se torna cada vez más difícil, si no imposibles. Cuando la traición está presente en un grupo, y el grupo debe permanecer colaborando, esos individuos conviven en un ecosistema deficitario, lenguaraz e hipócrita, con mayor probabilidad de crear más pobreza y desigualdad entre sí, ganando unos a costa de los otros de forma cada vez más descarada.

2- Tenemos un problema: lo más sencillo es tomar una decisión egoísta
Las decisiones individualistas, egoístas, que sabes que dañan a los demás, se anteponen en multitud de ocasiones a la hora de tomar una decisión respecto de otras de carácter más colectivo, orientadas al bien común, a lo bueno para ti y lo bueno para mi. Lo complicado suele ser, precisamente, saber dónde está el bien común y cuál es el beneficio mutuo. A medio y largo plazo, las decisiones individualistas y egoístas generan entornos de pobreza a su alrededor. La cultura del pelotazo, la del beneficio del aquí y el ahora, puede conducirte a beneficios inmediatos, pero no te deja en buen lugar con el transcurso del tiempo. Garantizado.

La decisión que nos beneficia a todos existe, pero suele ser más compleja de tomar. Unas veces está oculta y faltan medios para encontrarla. Otras veces es arriesgada y, paradójicamente, hay quien prefiere perder a no ganar lo máximo a corto plazo. Cuando tienes la opción de ganar mucho, pero a costa de que otros pierdan, frente a la opción de ganar menos, pero ganando todas las partes, se suele optar por la opción egoísta. El bien común se haya en el ganar-ganar, porque a largo plazo es el que nos va a generar riqueza, pero nuestros instintos individualistas y cortoplacistas nos ciegan.

3- Firmar un contrato es sellar por escrito la mutua desconfianza
Necesitar un documento que aluda a un tercero (La Ley) en caso de conflicto es dejar constancia de que no nos podemos fiar ni de nosotros mismos y que, por tanto, necesitamos alguien externo que resuelva la posible traición del acuerdo pactado. En la época romana se invocaba a la diosa Fides, aquella que ensalza la palabra dada y la fidelidad, quien protege los acuerdos pactados verbalmente. Fides obligaba a la realización total del compromiso adquirido, de manera que la vergüenza y el deshonor caía sobre la persona que no lo llevaba a cabo.

Hoy no tenemos a Fides en nuestro imaginario, y además nuestra cultura no penaliza gravemente a quien no cumple con la palabra dada, por lo que confiar se torna cada vez más complicado. Garantizar los acuerdos supone sellar esta desconfianza de partida que impera en nuestro entorno con papeles que nos obliguen sí o sí a colaborar con el otro para cumplir lo pactado.

4- Recuperar la confianza es un esfuerzo titánico
En un entorno de riqueza compartida y creada de forma colaborativa, seguir ganando es muy sencillo. Pero llegar a ese escenario es muy complicado. Si por el camino unos han ganado a costa de otros, generando desigualdades, la recuperación de la normalidad es complicada. Quien tiene en su poder recuperar la confianza es el traidor. Solo ese individuo es quien tiene la capacidad de mostrar compromisos por rectificar y solo a través de hechos, hechos y hechos logrará mitigar el clima de desasosiego que genera en los demás.

5- La habilidad comunicativa es condición necesaria para saber negociar… y colaborar

Sin comunicación no es posible la negociación. Las habilidades asociadas a la comunicación son imprescindibles, además, para obtener información clave sobre los objetivos e intereses de la otra parte mientras se desarrolla la conversación. Entre ambas partes negociadoras se busca alcanzar un acuerdo que, en mayor o menor medida, sea satisfactorio y, de hecho, si sabemos negociar, esa comunicación puede utilizarse a nuestro favor para llevar a cabo con éxito este proceso. Por lo tanto, la importancia de la comunicación en la negociación se asocia al logro de acuerdos satisfactorios para todas las partes mediante la interacción comunicativa que se produce, haciendo uso de códigos verbales y no verbales, en el que juega un papel más importante del que se cree al denominado lenguaje corporal.

Construir una estrategia de colaboración genuina supone poner en marcha diversas tácticas de comunicación orientadas al establecimiento de compromisos entre las partes. Si no hay manera de sellar el acuerdo por escrito y dejarlo todo a la palabra dada, hay que activar todas las antenas posibles y hacer de la escucha activa tu mejor aliado para saber posicionarte en cada nueva situación. Todos los recursos son pocos, de manera que las habilidades asociadas a la comunicación se tornan indispensables. Y si no, habrá que invocar a alguna diosa común, si hace falta.

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