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Burnout

Todos hemos oído hablar a nuestros amigos y familiares sobre lo “quemaos” que están en su trabajo con frases del tipo: “no soporto a mi jefe”, “estoy super estresado, no tengo tiempo para nada”, “me exigen mucho, tengo mucha presión encima”, etc…

Pudieran confundirse este tipo de comentarios con un estado de burnout por su traducción al español, pero esto no es así. Con este post vamos a tratar de comprender un poco más en profundidad en qué consiste esto del burnout y cuáles son sus características.

El Burnout siempre comienza de la misma manera, la necesidad de reafirmarse a uno mismo como un superman, batman o similares, tratando de ser capaz de todo, en todo momento. Lo cual casa perfectamente con la segunda etapa, dedicación total e intensa por tu labor (la cual no siempre es ni la mejor ni la más productiva).

Seamos realistas estas dos primeras etapas en cierto modo pueden ser necesarias incluso beneficiosas para nosotros mismos, al fin y al cabo cuando sacas las cosas adelante y te encuentras con un resultado satisfactorio acabas teniendo un chute de adrenalina que a todos nos gusta sentir.

Sin embargo esto puede tener una repercusión directa con el tercer estado. Descuido de las necesidades personales, aquí la cosa ya se empieza a poner fea, descuidamos nuestras horas de sueño, la alimentación e incluso nuestras relaciones sociales. Todas estas cosas supuestamente son las que deben cargarnos las pilas pero simplemente comienzan a perder sentido.

El cuarto estado es la desestimación de conflictos, es decir, aumentar los problemas. Nos damos cuenta de que las cosas no van lo bien que deberían ir, pero se pospone, siempre hay algo más urgente que sacar adelante. Y es entonces cuando aparece el quinto estado, la reinterpretación de tus valores, cambiamos por completo la jerarquía de prioridades, sacrificando incluso nuestra felicidad porque lo único que mantenemos siempre en la cabeza es trabajo, trabajo y trabajo.

Vamos a parar por un momento y hagamos una vista panorámica hasta aquí. Hemos descrito una depreciación del ser, de uno mismo, en tan solo los cinco primeros estados. Empezamos con una persona trabajadora que lucha contra el mundo por sacar adelante por si sola su trabajo y cuando hemos llegado al final nos encontramos con alguien a quién le pesa e importa más su trabajo que su propio bienestar.

Negación de problemas, el sexto de los doce estados del burnout. Nos volvemos cínicos, comenzamos a ver a los demás como incompetentes, y el contacto social se reprime aun más.

Y, ¿cuál es la evolución lógica? efectivamente, el séptimo estado, aislamiento. Te alejas de cualquier grupo, incluidos familia y amigos cercanos. Sin ellos como referente, sin ningún tipo de comunicación distendida, al igual que cambiamos nuestros valores ahora cambiamos nuestro comportamiento, como la perdida del sentido del humor, saltar a la defensiva a la mínima e incluso llegar a mostrarte agresivo. Además asociado a esto pueden aparecer problemas como empezar a beber o a fumar, en definitiva cambio negativos de nuestro propio comportamiento. Es entonces cuando nos despersonalizamos, todo carece de valor incluyendo a las personas amadas, cada palabra que te dirigen es una molestia que quieres evitar. La vida pasa a ser mecánica y distante del contacto humano.

Toda esta transición de estados desemboca en el vacío interno, una sensación de desgaste que lo vuelve todo difícil y complicado. Es entonces cuando aparece el primer Titán, la depresión, la vida pierde sentido, te sientes cansado, sin esperanza en nada e indiferente ante todo. La depresión es algo mas que apatía o tristeza, es algo mucho más profundo que altera por completo nuestro estado emocional vapuleándolo hasta la saciedad. Y cuando menos te lo esperas ¡Bam! como sin darte cuenta aparece el segundo y último Titán, el síndrome del Burnout propiamente dicho. Síndrome que corresponde a un total y completo colapso físico y mental.

Se suele decir que este síndrome tiene una población riesgo dentro de una serie de profesiones como el personal sanitario, docente, deportistas de élite, teleoperadores, ingenieros, o personal de los cuerpos de seguridad. Si nos fijamos bien todos tienen un elevado nivel de presión sobre ellos y esto aumenta cuando existen las interacciones humanas trabajador-cliente. Pero ¿y si el burnout no tuviera tanto que ver con la profesión?¿habrá personas predispuestas a sufrir este síndrome?

Como en cualquier tema, para todo hay una opinión. Sin embargo me gustaría apostar por que tiene que ver más con la persona y su gestión del estrés que con un tipo de trabajo (no obstante las cifras están ahí y todo está relacionado).

Estrés por definición es un estado de cansancio mental provocado por la exigencia de un rendimiento muy superior al normal; suele provocar diversos trastornos físicos y mentales.

Si miramos a nuestro alrededor nos daremos cuenta de que hoy todo el mundo tiene un motivo para estrenarse, incluso los niños tienen unos altísimos indices de estrés. Si algo está claro es que vivimos en la edad de oro del estrés.

Hace una semana hablábamos sobre los millennials, y no es ninguna sorpresa que seamos la generación con el mayor indice de estrés, dada nuestra baja tolerancia a la frustración. Este es uno de los argumentos para defender que el burnout es evitable simplemente cambiando los modelos educativos basados en la competición, de no educar emocionalmente y seguir fabricando maquinas en serie. Somos ante todo humanos y en muchas ocasiones anteponemos nuestro bienestar por mostrar al mundo cuan capaces somos de todo y de cuantas posesiones acumulamos, porque recuerden “mas es mejor” o al menos eso nos dijeron. Ciertamente existen factores externos, lejos de nuestro control que pueden generarnos estrés, pero como lo manejemos es otra película.

Como cinéfilo y fanático de Star Wars hay una frase del maestro Yoda sobre el lado oscuro que me gustaría compartir y ahora entenderán porqué:

-“El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento.”

Esto podría ser fácilmente comparado con el camino hacía el burnout:

“El éxito es el camino hacia el burnout, el éxito requiere esfuerzo, el esfuerzo lleva al estrés, y el estrés mal regulado puede llevarnos al burnout.”

Dada mi formación en psicología me gustaría aportar un poco de luz al respecto, el estrés en sí mismo no es malo, existen dos caras de la misma moneda. Por un lado tenemos el Distrés que podríamos definirlo como el estrés malo, el desagradable y que nos aleja de nuestro punto de equilibrio mental y físico. Sin embargo es posible aprender a autogestionarnos descubriendo el punto límite para mantenernos en Eustrés, o el estrés positivo que nos pone las pilas y nos hace mover el culo desde la comodidad y la conformidad. Incluso podemos obtener sensaciones placenteras siempre y cuando mantengamos a raya nuestro límite y no lo sobrepasemos.

En definitiva cada uno se conoce bien y ya ha coqueteado con el burnout de alguna u otra manera, la receta para prevenirlo es intentar evitar sacrificar esas pequeñas cosas que nos hacen felices en pro del trabajo, y mantener un nivel óptimo de estrés porque como dice el refranero: “quién mucho abarca, poco aprieta.”

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