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Así habló Larry Fink: Responsabilidad Social Empresarial para todos y para nadie

Ana A. Villalvilla

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Para quien no lo sepa, Laurence D. Fink (o Larry Fink) es, en palabras de Wikipedia, “el presidente y consejero delegado de BlackRock, la empresa de gestión de activos más grande del mundo”. Y tiene la costumbre de redactar, anualmente, una carta dirigida a los directivos de las principales corporaciones mundiales (en las que invierte) con el fin de mejorar sus prácticas empresariales.

Desde que somos conscientes de que la opinión de empresarios como Fink no afecta únicamente a sus empleados o socios, sino a todos nosotros de manera indirecta, el “activismo CEO” es algo imparable. Pues bien, a mi hay algo en todo esto que me chirría, y es gracias Nietzsche que he conseguido ordenar mis ideas. “Una cosa es el pensamiento, otra la acción y otra la imagen de la acción”, dice el filósofo. Veamos cómo afecta eso a la figura de Fink, y su defensa de la Responsabilidad Social Empresarial (tema estrella de su última carta, y a cuyas actuaciones trataremos de aproximarnos). Os haré un adelanto, no se casan al final.

  1. La muerte de Dios – o la gestión participativa

En contraposición a los modelos jerárquicos tradicionales, una de las prácticas básicas que debe asumir una organización que apueste por la Responsabilidad Social Empresarial (o Corporativa) a nivel interno, es la implementación de canales e instrumentos de participación para sus trabajadores, aunque no cuente con representación sindical.

Utópicamente, hablamos de “liquidar al jefe”, en pro de una comunicación fluida en todas direcciones que se traduzca en una mayor satisfacción de todo el equipo (y que no se quede ahí, y pase también por cambios en la política retributiva). Poniendo los pies en la tierra, es cierto que la RSE es intrínsecamente transversal, afectando a todas las áreas y actividades que se desarrollan en una compañía. Cualquiera de estas puede ser revisada, y rara vez dejaremos de encontrar aspectos mejorables, pero el jefe va a seguir siendo el jefe.

No perdamos de vista que hay dos razones fundamentales por las cuales las compañías más influyentes están invirtiendo en RSC: en primer lugar, la creciente incorporación de la generación millenial a la fuerza de trabajo (con todo lo que ello conlleva); en segundo, la escasa confianza de los altos ejecutivos (y de la sociedad en general) en que los gobiernos solucionen los grandes problemas que acaecen en nuestra sociedad, ya sea en cuestiones de derechos humanos o de sostenibilidad.

Una inversión socialmente responsable agrega, a los criterios de liquidez, rentabilidad y riesgo, otros éticos, sociales o ambientales. La incorporación de los empleados, pero también de los clientes, como grupo de influencia, amplía y modifica los aspectos a considerar en la relación con ellos. Esto requiere de un importante esfuerzo y de una especie de “pérdida de poder” que, por otra parte, facilita la identificación de nuevas y diferentes oportunidades de negocio: “Muertos están todos los dioses, ahora queremos que viva el superhombre”.

Calcular el ROI (Return on investments, o Retorno sobre la inversión) de cualquier estrategia de RSE suele plantear dificultades, pues no siempre es sencillo cuantificar los beneficios obtenidos. Otro aspecto a destacar es que esta percepción muchas veces es indirecta (en forma, por ejemplo, de impacto en los grupos de interés) y no se traduce en la creación de un valor económico directamente; además, varía en función del sector y del tamaño de la organización. Por ejemplo: el sector servicios, y las microempresas suelen percibir un beneficio superior al sector industrial, y la mediana empresa.

No obstante, y en relación a esos beneficios, Fink (y BlackRock en general), defiende el valor de la RSE como un agente de cambio no solamente en la gestión diaria de las empresas, sino en su valoración bursátil. Me atreveré a seguir citando a Nietzsche para definir la RSE como “un pozo inagotable al que ningún cubo desciende sin subir lleno de oro y de bondad”. Es por ello (por lo del oro) que, en 2016, la compañía comenzó a calificar fondos con un rating de sostenibilidad desarrollado de manera interna (con la participación de Sustainalytics) para analizar en qué medida las organizaciones en las que depositan sus inversiones, están comprometidas con las prácticas de RSE. Y las razones están claras: este tipo de estrategias pueden suponer (y suponen) un factor de ventaja competitiva, de coste e incluso de red de influencia – insisto, el oro.

  1. La voluntad de poder – o la arrogancia del “marketing sostenible”

“Cuando lo importante es parecer, y no necesariamente ser” (parafraseándome a mí misma), o el mal uso de la RSE, que, en un ejercicio cortoplacista, es empleado como una mera herramienta de marketing.

Ya es un hecho reconocido que los intereses de la sociedad y los de las empresas están alineados, y esto sucede tanto a nivel interno como en la relación de las mismas con el entorno en que desarrollan sus actividades. Si, además, tenemos presente que frecuentemente el entorno local es también fuente de las principales materias primas (incluyendo aquí a los “recursos humanos”), las organizaciones deberían ser las mayores interesadas en contribuir a su desarrollo y conservación. “La última cosa que yo pretendería sería mejorar a la humanidad”, decía Zaratustra, pero si están en juego mis ingresos…

Cuando la RSE se reduce al marketing pasa a convertirse en una táctica o acción determinada en busca de rentabilidad, en lugar de una estrategia integral de la empresa, y sus beneficios ya no se extienden de manera sólida a la reputación corporativa, ni al ahorro o uso eficiente de los recursos disponibles.

No es casualidad que una de las frases estrellas de Fink en su carta de 2018 afirme que “las empresas deben beneficiar a todas las partes interesadas, lo que incluye a los accionistas, a los empleados, a los clientes y a las comunidades en las que opera”. Según su planteamiento, ya no es posible para las corporaciones prosperar a largo plazo, sin demostrar que contribuyen de manera positiva a la sociedad.

Y en este esfuerzo por acortar distancias entre el interés de la empresa y las imperiosas necesidades sociales, asumamos que lo principal para los CEO es no llevar a la empresa a la quiebra, y que salvar al mundo es ahora un must por cuestiones de necesidad y no porque hayamos conseguido agitar sus conciencias. Lo siento, Greenpeace.

Fink no es un ermitaño recluido en la montaña, como Zaratustra, pero su posición como inversor más poderoso del planeta, también es bastante cómoda para reflexionar sobre la naturaleza humana. A 2018, la autoridad que te da manejar activos valorados en casi 6 billones de dólares, te hace ser más que indicado para “regresar al mundo” y comunicarle el fruto de tu conocimiento en forma de carta anual que les saque los colores.

  1. El eterno retorno de la vida – o el buen karma del impacto positivo

Continuando con el espíritu de A sense of purpose (el título de la carta ya deja las cosas claras), hagamos un repaso de cómo involucrarte en las problemáticas de la comunidad en que desarrollas tus negocios, va a mejorar la competitividad de tu empresa.

En primer lugar, permitiendo la atracción y retención del talento: no solamente gracias a mejores políticas de retribución o conciliación, sino debido al peso que tiene para las nuevas generaciones de profesionales ser partícipes de empresas que defienden determinados valores, ya sea por una cuestión ética, o de marca personal (tampoco seamos hipócritas). Sobra decir que cuanto más talento sea capaz de captar una empresa, mayor capacidad de innovación tendrá.

Otra cuestión es la mejora de la imagen de la empresa (interna y externa), un tema especialmente vulnerable si opera en países en vías de desarrollo, y que puede suponer un riesgo a la hora de evaluar su reputación. Premio para el que consiga colarnos que está contribuyendo al desarrollo socioeconómico de zonas en peligro de exclusión (y si resulta que esa contribución es real, premio para todos).

Y por último, incorporar la estrategia de RSE al núcleo central de tu empresa o proyecto te permitirá tener acceso a fuentes de ingresos como son las administraciones públicas, que se han subido a este carro (y las razones son para evaluarlas aparte) incluyendo requisitos de índole social o medioambiental a sus concursos públicos.

Por lo tanto, y para concluir, digamos que “siempre hay un poco de locura en el amor, pero siempre hay un poco de razón en la locura”. Y quien quiera entender que entienda.

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